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Familia

Los acontecimientos estresantes interfieren en nuestra capacidad de pensar. Como seres humanos, reaccionamos de manera automática a los momentos en que nos sentimos asustados o amenazados. Cuando estamos muy estresados, nuestra tendencia natural es emprender la huida, luchar, congelarnos o desmayarnos. En muchas situaciones, cuando hay una amenaza inmediata, esto es muy útil para sobrevivir. En otras situaciones, como la amenaza de deportación, cuando el estrés no es momentáneo sino que puede durar largos periodos, es importante encontrar formas de reducir el estrés. Dado que el tema de la deportación es muy estresante y provoca un miedo intenso, será necesario un esfuerzo activo de reflexión y planificación para reducir parte de su impacto negativo.

En el pasado, muchos inmigrantes han gestionado el miedo y el estrés de una posible deportación evitando por completo las conversaciones sobre el tema. Algunas personas han optado por no hablar en absoluto de su situación migratoria para sentirse más seguras y protegidas frente a posibles ataques. Otras no hablan de la deportación porque les trae recuerdos demasiado dolorosos. Hablar de la propia situación de inmigración puede ser un reto emocional, pero puede ser beneficioso si se hace con amigos o colegas de confianza. No obstante, puede suscitar temores de deportación y miedo a perder la conexión con los seres queridos, si se ven obligados a marcharse. También puede traer a la memoria el difícil viaje para venir a EE.UU., todo lo que se sacrificó, así como la vida y las personas que se dejaron atrás, o que ahora podrían dejarse atrás. Las conversaciones sobre el estatus migratorio o la deportación también pueden ser especialmente abrumadoras si la razón inicial para emigrar fue huir de la violencia física (o emocional). Es difícil estar cerca de los sentimientos dolorosos.